En invierno o en verano, al sur o al norte, a la playa o al
desierto. No importa el tiempo, ni el destino; viajar es una experiencia
única.
Un viaje es, sin duda, una
oportunidad para aprender. Cada lugar que visitamos, aprendemos de su
cultura, su lenguaje, su arquitectura, pero sobre todo, aprendemos de
las personas. En mi experiencia personal como viajera, en cada viaje he
sumado nuevos aprendizajes, algo que con el tiempo me ha permitido
disfrutar profundamente cada rincón de este mundo.
Viajar es una enriquecedora instancia para conocer de otros y, por
qué no, de uno mismo. Recorrer ocultos destinos del mundo, solos o
acompañados, nos puede llevar a observarnos en otras facetas, a mirarnos
de una manera distinta, y a aceptarnos tal como somos. Viajando en
pareja, con amigos, con la familia o en soledad, son, sin duda,
experiencias muy distintas. He escuchado historias de amistades que se
pierden luego de un viaje, parejas que se han disuelto y otras miles de
miles de adversas experiencias. Es posible, ya que en situaciones
complicadas nuestros ánimos no son los mismos que en la comodidad de
nuestra casa. Sin embargo, en mi opinión, y basándome en mis
experiencias, viajar es, con seguridad, la mejor forma de conocernos y
aceptarnos con nuestras virtudes y defecto.
Dentro de los objetivos que tenemos en este blog, es lograr que
tengan la misma motivación que nosotros para recorrer el mundo. Una muy
linda y sabia persona, y con mucha más recorrido que yo en viajes, me
enseñó la importancia de esto. Es por esto que trataremos de darles, en
la mayor medida posible, nuestros conocimientos y experiencias, de modo
de poder facilitarles la planificación en sus viajes.
Espero que este pequeño relato sea sólo el comienzo de muchos más que vendrán.
Un abrazo. Nati
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